Clásicos Electrónicos

Archive for diciembre 2009

¿Podría Avatar transformarse en el Star Wars de ésta generación?

Fui ayer con mi hijo a ver la película Avatar. He de confesar que con todo el hype que se dio en Internet a la cinta iba yo con cierta actitud escéptica de “asústame panteón”. Sin embargo a la hora que empezó la verdadera acción (cuando finalmente se internan en la selva de Pandora) llegué a sentir que estaba ante un momento seminal de la historia del cine.

Cuando se ha realizado algún invento que haya cambiado al cine y su forma de hacerlo, siempre ha existido un periodo en que los directores no saben como usar la nueva tecnologíade la forma apropiada. Un ejemplo es cuando se inventó el cine sonoro. Pasó un tiempo antes de que llegara Orson Welles a explicarnos cual era la mejor forma de usarlo.

Creo que lo mismo ha pasado con las famosas CGIs. Mientras que muchos directores se volvieron literalmente locos atascándonos con la destrucción de ciudades y mundos o con luchas hiperviolentas de robots transformables, James Cameron dedicó cinco años a perfeccionar la forma de utilizarla.

Logró una verdadera Maravilla.

Dice Spielberg que Avatar es la película “más evocativa de Ciencia Ficción desde Star Wars”. Yo vi Star Wars en 1977 y se lo que una película de esa talla le hizo a mi mente y a toda una generación. Avatar está haciendo lo mismo.

Creo que la película tiene dos componentes que hacen que la fórmula sea un éxito.

Por una parte la historia. Desde que se comenzó a usar las CGI los directores y productores han caido en una especie de erial creativo. Hacen que sean las imágenes espectaculares el motivo de la película mientras que la historia (una buena historia) parezca irrelevante e intracendente. Lo importante es acabar con el mundo o echar a pelear robots de 30 metros de altura y lo que ocurre de trasfondo, es simple accesorio.

En el caso de Avatar la cosa cambia; la historia es parte fundamental de la película y aunque en la última parte no podría haberse realizado sin la ayuda de la tecnología, ésta está perfectamente justificada y es lo que le da el remate a la trama (me recuerda la batalla de Yavin en la primera entrega de Star Wars).

Otra parte del tema de la historia es que es ORIGINAL. Pregunta: De los Blockbusters de los últimos años ¿cuales no han sido una segunda, tercera, cuarta o “ene” parte de una historia ya bien conocida? ¿Cuántos remakes se han hecho esta década? Hollywood ha caído, lo repito, en una sequía de ideas que solo puede ser terminada con nuevas fórmulas como Avatar.

La segunda parte de la fórmula es la utilización de la tecnología de manera inteligente. Cameron la quería filmar desde que terminó Titanic ¡Hace 12 años! Solo hasta hace algunos años pudo encontrar la tecnología necesaria para trasladar la actuación de personajes reales al mundo virtual; según el director los personajes resultantes son un 95% reales. Basta ver la película para comprender la aproximación del director y el resultado que es perfectamente creíble.

La historia de Avatar puede sonar sencilla ¿vieron Danza con Lobos? esencialmente es la misma, sin embargo maneja una riqueza visual, lograda con CGI así como la tecnología 3D, que la hacen una experiencia única. Los personajes son sumamente realistas (ya lo había dicho) pero también exoticamente sexys y atractivos. Puede transformarse en una perfecta fantasía escapista en la que se cambian las broncas y lo negativo de nuestro horrible mundo industrial por la onírica y sensual jungla virgen.

Es una fábula ya conocida pero llevada a un nivel distinto con un toque ecologista y anti-belicista muy acorde con las ideas actuales; Es una película que va a generar culto y, ya lo dijo Cameron, tendrá secuelas.

A mi hijo le encantó la película, creo que podría ser su propio Star Wars (está en la misma época en que yo disfruté del mio) y podría servirle para crear su propia mitología geek. Sus animales, sus personajes, el mundo salvaje de Pandora se le hicieron sumamente atractivos.

A mi me gustó Avatar; es algo fresco que había venido esperando desde hace ya algunos años; acaba de ocupar un lugar muy importante en mi Top-Ten particular de Ciencia Ficción y creo que Cameron logró meterse de pleno en la historia del cine de éste siglo ya que su película va a ser un hito en la historia del cine entre estas dos décadas.

Avatar tiene todo para transformarse en un Clásico Electrónico.

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La semana pasada hablé sobre la versión rock de El Niño del Tambor de Joan Jett; luego de navegar un poco por YouTube me encontré esta joya cantada por Twisted Sister.

Los más rucos se acordarán del grupo con la canción We are not gonna take it, rola que causó furor por ahí del 84.

Utilizan el tonito de The Twelve Days of Christmas para cantar su muy personal versión llamada My Heavy Metal Christmas.

La letra dice (solo voy a poner la última y completa estrofa):

On my heavy metal Christmas my true love gave to me,
12 silver crosses
11 black mascaras
10 pairs of platforms
9 tattered t-shirts
8 pentagrams
7 leather jackets
6 cans of hairspray
5 skull earrings
4 quarts of Jack
3 studded belts
2 pairs of spandex pants
and a tattoo of Ozzy!

Una prueba más de que el Rock todo lo compone.

Para celebrar esta navidad les dejo un villancico interpretado por Joan Jett quien primero fundó el grupo The Runaways (de puras mujeres) y más tarde metió la rola I Love Rock’n Roll que fue todo un hit a principios de los ochentas.

La canción venía en el mismo disco (del mismo nombre) pero solo en algunas ediciones; la versión nacional no lo traía.

Me encanta el detalle del tornamesa rodeado de lucesitas navideñas y de fondo el disco.

Little Drumer Boy fue parte del soundtrack de Class, una película muy buena, también ochentera,  que narra las aventuras de dos chavos (uno rico y uno clasemediero) y de como uno de ellos, al experimentar un romance con una mujer mayor, se mete en un problema bastante escabroso.


La canción aparece en el minuto 7:40

En el video podemos ver a un jovensísimo Rob Lowe así como a una muy sexy Jacqueline Bisset; esta fue la primera película de John Cusack y Lolita Davidovich.

Por cierto, el Porsche 911 Cabrio era en si todo un personaje.

El nombre original fue Jaws (Mandíbulas) y fue la película que que iniciaría aquel recorrido estrambótico de animales fuera de serie y de control que alcanzaría fondos de vergüenza al incluir pirañas voladoras y osos inmortales.

La historia es sencilla. Hago un pequeño resumen para los que no la hayan visto: En un pequeño y ficcional pueblo turístico llamado Amity (ubicado en una isla de Nueva Inglaterra) comienzan a sufrir una serie de ataques por parte de un tiburón. Mientras el jefe de policía insiste en cerrar las playas los dueños de negocios turísticos se niegan ya que está por empezar la temporada alta.

Luego de varios intentos infructuosos de dejar que las cosas se arreglaran solas y de darse cuenta de que no es buena idea promocional dejar que un tiburón se coma a los turistas, el jefe de policia se embarca junto con un científico y un marinero rudo (y bastante mamila) para matar al tiburón. La empresa se ve pronto inmersa en una espiral descendente de tragedia y obsesión, como si de un moderno Moby Dick se tratara.

Dos párrafos de argumento que se transformaron en el primer Blockbuster de Verano de la histora; Jaws sentó esa costumbre de que cada verano los estudios tratarían de tentar a los auditorios con superproducciones super anunciadas y super promovidas (que en algunos casos no necesariamente dejaban de ser unas super porquerías).

La película está basada en el libro (con los mismos nombres en español e inglés) de Peter Benchley; dos productores de Universal, Richard D. Zanuck y David Brown, lo descubrieron y, luego de leerlo en tan solo una noche, decidieron que podría hacerse una buena película.

Debemos de hacer una aclaración de suma importancia; todo ésto ocurrió a mediados de los años setentas. En ese entonces las computadoras sólo servían para jugar ajedrez y para asustarnos con la leyenda de que pronto iban a gobernar el mundo en vez de hacer escenas de acción como es su obligación.

La idea de hacer una película sobre tiburones era una auténtica tontería por que no había modo de lograrlo: usar tiburones de verdad era muy complicado teniendo en cuenta que la estrella era un tiburón blanco de ocho metros y tres toneladas.

Por esos entonces, y en un verdadero alarde de creatividad, a alguien en México se le ocurrió hacer una película llamada Tintorera (wow) y su principal bit de promoción era el de haber sido hecha con tiburones de verdad. Decía la leyenda que a uno de los buzos-camarógrafos lo había atacado un tiburón y que, como ya estaba prácticamente muerto, el director dio la orden de seguir filmando para aprovechar ese metraje (con las cosas que se llegan a oír en el patio de primaria luego se sorprenden de que los niños terminen de políticos).


“Vamos a necesitar un barco más grande”; éste es todo un meme

Para dirigir la película se contrataron a Steven Spielberg que en esos entonces era un perfecto desconocido; el guión fue encargado al propio Benchley pero no pudo con el paquete y tuvieron que sustituirlo.

Spielberg encargó tres tiburones robóticos para filmar: uno completo y dos medios tiburones (la parte izquerda y la parte derecha). Tan pronto los terminaron fueron enviados a la locación y la producción, como si de un niño con juguete nuevo se tratara, lo metió al agua. Resulta que los fabricantes habían cometido una pequeña omisión (cosa de nada). A nadie se le había ocurrido hacer una prueba en el mar por lo que el tiburón robótico flotó como camión blindado y se fue hasta el fondo.

El tiburón fue rescatado y comenzó la producción que se transformó en una verdadera pesadilla: no faltaba que algún metiche en su barco se acercara para ver que ocurría, los tiburones fallaban y fallaban por causa del agua salada (¿Qué a nadie se le ocurrió que ahí es donde deberían de filmar la película?), una vez el barco de la cacería (de nombre Orca) estuvo a punto de sosobrar con todo y las estrellas adentro. La cosa es que los integrantes de la producción no tardaron en apodar a la película “Flaws” (fallas).

Tiburón tenía un presupuesto de 4 millones de dólares pero gracias a los imprevistos la cifra llegó a los nueve.

Durante el rodaje ocurrió una de esas ironías que, a la larga, iban a transformar toda la historia: Lo primero que se dio cuenta Spielberg fue que el tiburón se veía chafísisisma. Es por esa razón por la que tuvo que disminuir la aparición del robot al máximo y sustituirlo con una serie de elementos que anunciaban su presencia; desde la música tan característica hasta los flotadores que supuestamente impedirían que el cuerpo del enorme pez se hundiera.

Esto se transformó, casi sin querer, en uno de los elementos más horroríficos del film. La audiencia se tensaba a la hora de escuchar la música y los más puñales ni las patas bajaban de la butaca. Luego se supo que una de las condiciones que había puesto Spielberg era que el tiburón no saliera a cuadro durante la primera hora de la película.


El speech de los tiburones comiéndose a la tripulación del Indianápolis: puro resentimiento contra los escualos

Un éxito absoluto

Aquí voy a aplicar el factor edad para explicar que fue lo que ocurrió aquel lejano 1975:

Nunca, nunca, nunca de los nuncas se había visto en nuestro país la euforia que desató el estreno; de la misma manera tampoco se había visto antes una promoción como la que recibió Tiburón.

Los cines exhibían mantas inmensas con la ya icónica imagen donde la chava iba nadando y desde abajo se aproximaba el enorme tiburón; recuerdo que un sábado por la tarde, no llevaba más de dos semanas en cartelera, mi papá intentó llevarnos a verla; cine por el que pasábamos la cola de gente le daba literalmente la vuelta a la manzana. Fóbico a las multitudes como es mi padre, tuvimos que esperar semanas para verla. Eso si, después de un choro dirigido a mis hermanos y a mi donde nos explicaban que “no era una cosa real” y que solo eran actores. Era un intento de mis padres por tranquilizar su mente antes de lograr que sus hijos no se quisieran volver a meter siquiera al chapoteadero. Tal vez parecería exagerado pero en ese entonces estábamos menos expuestos a la violencia.

Debo de confesar que la película si hizo mella en mi mente infantil por que hasta la fecha, cuando estoy a punto de meterme al mar, reverberan aún los recuerdos de las imágenes del tiburón comiéndose a los bañistas.

Otra cosa que nunca habíamos visto en México, por lo menos en esa escala, fue la gran cantidad de objetos promocionales: playeras, juguetes y unos colguijos (chafísimas) que tenían un diente de tiburón de plástico.

En Estados Unidos la película rompió primero con todos los esquemas de distribución; fue la primera cinta que se estrenó a nivel nacional, y después rompió con todos los esquemas de lana, fue la primera en romper la marca de los 100 millones de dólares, alcanzó los 490 récord que le quitaría un par de años después Star Wars.

Otra de las cosas que Tiburón logró fue el de dar a los escualos una pésima fama y, según algunos grupos ecologístas, la película fue causal de la matanza de muchos de estos animales de los cuales hasta ahora estamos conociendo sus costumbres que, rara vez, implican desayunar turistas rebosados en Coopertone.

El tiburón original de Spielberg fue posible verlo durante una larga temporada en los Estudios Universal de California en un recorrido que era bastante chafa donde el tiburón no dejaba de ser una de las estrellas. No se si aún siga ahí. En la actualidad hay un ride bastante más elaborado en uno de los parques temáticos de Universal Studios en Florida.

De manera vergonzosa Jaws también generó tres secuelas malísimas y cada una peor que la anterior; la última, llamada La Venganza, es tan idiota que da la sensación de que está hecha a manera de sátira; en ella podemos ver a un tiburón que ladra y que puede saltar del mar como si de una víbora se tratara. El film logró su propio lugar en la lista de las peores películas de la historia.


Me cuesta trabajo encontrar un calificativo que incluya los conceptos de tarugada, no es creible, no insultes mi inteligencia y ¿así es como matas con un monstruo marino?


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