Clásicos Electrónicos

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Las crónicas de un cómico neoyorkino y sus desadaptados amigos

Ya tenía un tiempo, desde que escribía en mi antiguo y querido blog, con las ganas de hacer una entrada relativa a la serie cómica (Sitcom le dicen los gringos) más exitosa de la década de los noventas y una de las más renombradas en el vecino país.

Lo que ocurre es que vi el capítulo final de la temporada seis de Curb Your Entusiasm, protagonizada por Larry David, para decidirme.

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Una oda a esa nave llamada locura así como a los salvajes y reprimidos deseos por abordarla

Fight Club también pasó por ese fenómeno que le ha ocurrido a otras películas como Blade Runner y que es un producto directo del desarrollo de sistemas caseros de video; mientras que en su salida en cines (sobre todo en Estados Unidos) nunca logró alcanzar el verdadero éxito, fue su versión en DVD la que llegó más lejos y se transformó en una película de culto.

Creo que cada generación y cada década tiene una o dos películas que, a pesar de ser duras y controvertidas, se transforman en el sentir de una época; logran transgredir el ámbito temporal y se transforma en un “must”.

Películas como The Deer Hunter (1978), A Clockwork Orange (1971), The Graduate y la misma Blade Runner que ya ha referido son ejemplos clásicos y creo que Fight Club pudo integrarse a ese selcto grupo.

“Ésta es tu vida y se está acabando minuto a minuto”

Basada en una novela (del mismo nombre) escrita por Chuck Palahniuk, la cinta es un verdadero viaje a través de la locura de ese personaje sin nombre, al que es referido simplemente como El Narrador y su alter ego Tyler Durden.

El Narrador es un simple mortal con un trabajo sencillo que está en pleno proceso de enviar todo al demonio. Un proceso con el que se quiere desligar de la vida del hombre común, de los deseos y necesidades creados por una sociedad consumista y de transformarse en un individuo ajeno a la realidad y en cierta manera encargado de alterarla, modificarla para dar a conocer a otros su filosofía.

El Club de la Pelea, el recinto donde se reúnen los miembros a partirse la cara no es otra cosa que una válvula de escape que no tarda en transformarse en un movimiento anarquista de resistencia.

La primera regla es “no hablar del club” sin embargo la voz se corre con una velocidad brutal y muy pronto son cientos de seguidores; no importa el trasfondo, no importa el rol que se juegue en esta sociedad hipócrita, lo importante es poderse dar de golpes hasta sangrar para así olvidar en una marea de adrenalina los estúpidamente horrible y desalentadora que es la vida.

Si hay una opción y ésta es liarte a golpes y dejar que te rompan la crisma. Mañana será otro día.

Esta semana El Club de la Pelea (como se le llamó en México) cumplió 10 años sin embargo, después de verla otra vez, es fácil darse cuenta que la premisa de la película sigue siendo igual de vigente que hace una década. Como una terrible premonición de lo que ocurriría tan solo tres años después la cinta nos habla de cómo se derrumban las estructuras dentro de una mente y de cómo ésta quiere derrumbar las estructuras que la rodean.

El simple hecho de salir a la calle y provocar un pleito con un perfecto desconocido es una temeridad que solo pueden hacer algunos que más tarde no dudarán en integrarse al proyecyo Mayhem (la palabra significa mutilar a alguien para impedir que pueda defenderse en una pelea o una guerra).

Es difícil seleccionar una escena o secuencia favorita de la película; las actuaciones de Bard Pitt y Edward Norton son magníficas y la forma oscura y expresionista en que está dirigida es una obra magnífica de David Fincher. En lo particular me intriga mucho la escena en que El Narrador se golpea a si mismo para alegar un abuso por parte de su jefe; la secuencia es en cierta manera una de las más grandes ilusiones de muchos asalariados llevada a la realidad.

El final es diabólicamente premonitorio mientras que la trama nos pone a pensar sobre la banalidad de lo que llamamos nuestra verdadera civilización, sobre la profundidad de la cultura televisada pero sobre todo, nos demuestra de manera irónica que, por solo un día, nos gustaría ser ese Taylor Durden que vende jabones a las señoras ricas hechos de su propia grasa  y no teme enfrentarse con los puños limpios a un mafioso o a un camionero que pesa lo doble.

Salio la nueva versión DVD de Fight Club, si no la tienen cómprenla; si no la han vista, véanla y si ya la vieron, vale la pena repetirla. Es un auténtico Clásico Electrónico.


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